viernes, 19 de agosto de 2011


Un día te levantas, eres feliz, sales a la calle, vas con tus amigas de siempre, pero disfrutas como nunca. Haces locuras, gritas, saltas, y cantas bajo la lluvia. Pero entonces, ese mismo instante, él se cruza en tu camino, te chocas, y una sola milésima de segundo después lo sabes, estas enamorada. En un solo segundo todo tal y como lo estabas viviendo desaparece, y os quedas solo tu y él, abrazados, hablando, conociéndoos, y empezáis a andar y bajo la luz de la luna os miráis a los ojos. Y tu, entonces comprendes que es el, si, el que se presentaba todas las noches en tus sueños sin avisar, es él, el que noche tras noche, querías encontrar. Sabes que es el indicado y un impulso recurre tu cuerpo, a la vez que lo hace con el suyo, y los dos, bajo la mirada oculta y traviesa de la luna, os fundís en un largo, y deseado beso. Y entonces el deseo se revela y te acabas de enamorar por completo, ahora estas cien por cien segura de ello.
Ocho de la mañana, suena el móvil, te llaman... Y te das cuenta de que todo ha sido un sueño y no alcanzas a recordar que fue real y que no lo fue. Al final acaba todo en un simple sueño; en algo irreal.

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