Dejé todas las sensaciones del mundo para estar con él.
Perdí mi norte, y di un giro de 180º hacia su espalda. Entonces comprendí que la mejor manera de hacer lo correcto era haciéndolo. Aposté la mano equivocada en aquella escalera de contradicciones y todo se convirtió en una ruleta rusa... Nunca se me ha dado bien ningún juego, asi que disparé hacia el cielo y todo me explotó en la cara.
Desde ese día prometí frenar a la suerte en cada esquina y obligarla a poner las manos en el fuego por mí, que bastantes cenizas había ya en mi corazón. Fue entonces cuando aprendí que muchas veces perdiendo, también se gana.
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